Mi maestro me dejo bien mojadita


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Lento, muy lentamente sentí como me estaba bajando los jeans, estábamos nerviosos pero también muy excitados, sus manos tocaban mis piernas, mis nalgas y a cada momento sentía más húmeda mi intimidad, deseaba sentirlo dentro de mí pero ya. Adrián deslizo mis bragas centímetro a centímetro por mis muslos, sentía morirme de placer cuando sentí sus dedos entrar en mi vaginita, estaba por hacerme suya y yo le pedía a gritos que me poseyera, que me hiciera el amor.
Un saludo estimados lectores, me llamo Rosa Itzel y quiero compartir con ustedes una reciente y deliciosa experiencia intima. Apenas hace menos de un mes que me entregue a uno de mis profesores de la universidad, me poseyó y deje que me hiciera su puta sin límites. Tengo 24 años, apenas acabo de iniciar una carrera de física-matemática porque me gusta este campo pero aun al gustarme no soy nada buena para el campo de las matemáticas, mis primeros exámenes los reprobé y eso me causo una gran frustración, tanto que estuve a punto de abandonar la universidad. Pero entre todos mis maestros hubo uno que si creyó en mí y que me brindo todo su apoyo para que lograra superarme, él fue Adrián uno de los catedráticos de la facultad. Adrián no es tan mayor que yo, tiene 32 años y sí que es apuesto, sus ojos cafés y su cabello claro sólo son un poco de su atractivo físico.
Él sólo era un maestro más pero un día escucho una plática que tuve con el rector para decirle que me daría de baja argumentado que la carrera no era lo mío. Esa misma tarde se acercó a mí ofreciéndome su apoyo, me dijo que veía en mí un buen prospecto para la carrera, quizá el que haya sido una de las pocas personas que tienen fe en mí me hizo tomarle mucho aprecio, se ofreció darme clases de regularización para mis próximos exámenes y me moría de alegría por tener su apoyo, cuando le conté a mis amigas que me daría clase todas comenzaron a decirme que iba a terminar en la cama con él pero cero me importo, creo hasta ese momento estaba interesada en las clases y no en Adrián, además no era un secreto que estaba casado.
La clases serian en su casa, la primera vez que fui a su casa quede impresionada, tenía una casa muy bonita fruto de su buena carrera y su esposa una mujer pedante, presumida y bastante segura de sí misma. Me daba clase todos los miércoles y viernes por las tardes, hasta eso no tenía que pagarle. Pero creo el pago que le di fue mucho más que dinero, conmigo era bastante amable, alegre, caballeroso y hasta coqueto. Algunas veces nos decimos ciertas indirectas pero al momento nos reprimíamos.
De algo si estaba muy segura y eso era que le gustaba, bastantes veces le note nerviosismo a hablarme y otras más note pequeñas erecciones que tenía al estar cerca de mí y esto era más notable cuando iba de falda, al sentarme en el sofá mi falda se remangaba y Adrián discretamente me miraba los muslos, estos juegos eran cada vez más arriesgados ya que su esposa estaba todo el tiempo en casa a esas horas y sabíamos que cualquier descuido sería fatal para los dos.
Y en clases sucedía lo mismo, él no dejaba de verme las piernas desde su escritorio e intercambiábamos miradas que fueron muy obvias para algunos. Mis amigas se ruborizaban mucho más y me preguntaban que si ya me había hecho el amor y como me lo hizo, a pesar de que les trataba de convencer que entre ambos no había más que una relación académica no lo creyeron. Pero esa tarde… La verdad es que me sentí maravillosamente complacida en sus manos, en manos de un verdadero amante.
Ese viernes, al llegar a su casa estaba sólo, su esposa había salido con sus amigas según me dijo. Creo me veía coqueta, tenía una chamarra negra, jeans y tacos altos. Al primer instante que nos vimos supimos que no era asesoría lo que deseábamos esa tarde, mientras estábamos sentados en la sala tratando de abordar temas de estudio era imposible, estaba tan cerca de mí que podía sentir el calor de su cuerpo. Adrián me besaba el cuello, a cada momento me sentía más excitada, intentaba chupar mis orejas y me encantaba, al poco tiempo nuestros labios ya estaban tocándose suavemente, cerré mis ojos para dejarme llevar y entonces escuche las palabras que deseaba oír ¡Rosita, quiero metértela mi amor! Le afirme con la mirada.
Entonces llegó el momento, yo me puse de pie. Adrián lento, muy lentamente inicio a bajarme los jeans, sus manos tocaban mis piernas, mis nalgas y sentía mi intimidad cada vez más húmeda. Delicadamente sentí como iba deslizando mis bragas hacia abajo y sus dedos se perdían dentro mi rajita, yo le pedía a gritos que me hiciera el amor.
Adrián me puse a gatas en el piso, escupió en mi zona íntima y sentí como inicio a penetrarme vaginalmente. Amaba sentir ese pedazo de carne entrar en mi rajita y derretirme de placer, una y mil veces lo estaba haciendo era en verdad inevitable no gritar de placer, tuve dos venidas maravillosas en ese momento. Entonces Adrián dejo de penetrarme, me tomo en sus fuertes brazos de hombre y me llevo a su cama, a la misma cama donde seguramente hacia el amor con su esposa. Me acosté separando mis piernas mientras lo veía quitarse el resto de su ropa, él se acostó sobre mí y comenzó a lamer mi rajita, con sus labios me daba ligeros mordiscos en mi intimidad. Nuevamente volvió a metérmela en mi concha, el placer volvió una vez más y esta ocasión con más vigor, parecía querer derretir mi conchita.
Las embestidas que me daba eran impresionantes, era en verdad un excelente amante. Aunque no iba a demorar mucho, quizá sacármela al sentir que iba a venirse pero lo detuve le pedía a gritos que se viniera dentro de mí, el incremento más la velocidad y a los pocos segundos se tensó, todo ese líquido caliente entre en mi vagina ocasionándome un placer maravilloso, poco más se quedó dentro de mí mientras no perdía erección y luego se quitó, su miembro estaba embarrado de semen al igual que mi conchita, al vestirme no me dejo ponerme las bragas, quiso conservarlas de recuerdo. Me arregle lo mejor que pude y me fui antes que su esposa regresara, al salir me sentía dichosa, el tener la concha mojada del semen de mi profesor me causaba una euforia inmensa, ahora si pude contarle a mis amigas esto que ahora les comparto a ustedes.

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